Hibridación social: un modelo conceptual para el análisis de la región y el territorio
Sergio A. Sandoval Godoy*
septiembre de 2002
Resumen
La
hibridación es un fenómeno multiforme y de gran complejidad con el que se
vinculan algunas de las transformaciones sociales de las últimas décadas.
Los intentos de establecer una conceptualización de dicho fenómeno
para fines del análisis social han sido, desde diversas disciplinas, una
preocupación latente, sobre todo en los años noventa. A pesar de los
avances en esta materia, no se dispone aún de un concepto acabado o
suficientemente validado que pueda aplicarse a todas aquellas manifestaciones
del cambio social que expresan los procesos de unidad- diversidad,
inclusión- exclusión, integración- desintegración y de homogeneidad-
heterogeneidad, presentes en el ámbito de la sociedad global. En este
trabajo se hace un intento en ese sentido, incorporando parte de las
elaboraciones previas aplicadas desde la antropología, la economía y
la sociología industrial.
Palabras clave: hibridación social, cambio social, sociedad
global y sociedad local, procesos de inclusión- exclusión.
Abstract
Hybridation is a complex
and multiform phenomenon that has been associated with some social
transformations in recent decades. Attempts to establish a concept of this
phenomenon has been a main concern in the 1990s. Even with the advances on
this subject, we do not have a sufficiently validated concept which can be
applied to all those social change’s manifestations produced by the unity-
diversity, inclusion- exclusion, integration- disintegration
and homogeneity- heterogeneity processes taking place in global
society. In order to attain this purpose, this paper includes some
previous elaborations used by anthropology, economics and industrial
sociology.
Key words: social hybridation, social change, global society and local society,
homogeneity and heterogeneity process.
Introducción
La
hibridación es un fenómeno multiforme y de gran complejidad con el que se
vinculan algunas de las transformaciones sociales de las tres últimas décadas.
Los intentos de establecer una conceptualización de dicho fenómeno para fines
del análisis social han sido, desde diversas disciplinas, una preocupación
latente, sobre todo en los años noventa. A pesar de los avances en esta
materia, no se dispone aún de un concepto acabado o
suficientemente validado que pueda aplicarse a todas aquellas manifestaciones del
cambio social que expresan los procesos de unidad-diversidad,
inclusión-exclusión, integración-desintegración y de
homogeneidad-heterogeneidad, presentes a nivel de la sociedad global. En
este trabajo se hace un intento en ese sentido, incorporando parte de las
elaboraciones previas aplicadas desde la antropología, la economía y la
sociología industrial
El
modelo conceptual de hibridación social que aquí se propone hace
referencia a una interacción de prácticas, modelos, procesos o fuerzas sociales
de naturaleza y trayectoria distinta que contiene principios de novedad,
transición, adaptación, resimbolización, mejoramiento y rendimiento
expresados mediante instrumentos, mecanismos y demás recursos de creación,
innovación, experimentación y aprendizaje que traducen lo propio del
fenómeno estudiado. La hibridación social se presenta cuando
individuos, grupos, empresas, gobierno y demás agentes de cambio, a
través de formas de importación, imitación o transportación, ponen en contacto
dichas fuerzas sociales. Refleja una condición de mediación entre lo que se
considera representa lo global y lo local, lo general y lo específico, y lo
universal o lo particular. Expresa también una relación de tensión o de
conflicto entre prácticas sociales hegemónicas y subordinadas. En este sentido,
dicho fenómeno puede ser considerado una fuerza social de cambio.
La
definición anterior permite trazar una visión dinámica del sentido y dirección
que siguen los procesos de cambio social en las regiones y el territorio,
a partir del reconocimiento de que las trayectorias que resultan pueden
ser aspectos cualitativamente nuevos y a menudo superiores, pero también
conflictivos. De hecho, esta noción de hibridación social comulga con una
orientación teórica de tipo procesualista que intenta explicar cómo
se origina el cambio social. Así, en la etapa actual de globalización
y modernización, éste se entiende como proceso continuo de interacciones
donde participan actores de todo tipo dotados con diferentes estrategias,
reglas, y demás recursos para la toma de decisiones con el fin de
establecer o imponer objetivos o intereses que les son propios, dentro de
espacios determinados de confrontación, negociación, acuerdos y desacuerdos.
El
examen de la utilidad de esta herramienta conceptual al plano del análisis
regional puede ser un ejercicio fructífero que contribuya al debate actual
acerca de la búsqueda de nuevas categorías explicativas en las ciencias
sociales; ello constituye el objetivo central de este documento.
El
trabajo se divide en seis partes. En la primera, se presenta lo que aquí
llamamos las paradojas de la globalización; esto, con el fin de exponer el
marco de referencia en el que se inserta el fenómeno de la hibridación social.
En la segunda, se aborda la llamada perspectiva culturalista de la hibridación,
entendida como un campo de mediación simbólica entre la modernidad y la
tradición. En la tercera, se describen algunos ejemplos de la interpretación
socio-territorial de la hibridación, asociada con la desaparición de los
estados-nación y las nuevas configuraciones territoriales. En la cuarta,
se exponen los argumentos del enfoque industrial de la hibridación, mismo que
hace referencia a la dinámica de internacionalización del sector
automotriz. En la quinta parte, a fin de sintetizar y reformular los
avances anteriores, se construye y propone el concepto de hibridación social.
Se concluye con la propuesta de una agenda de problemas de investigación
que pudieran replantearse a partir de dicho concepto.
Las paradojas de la globalización: hacia nuevos conceptos
explicativos
En
la actualidad, los fenómenos de la globalización y la modernidad se han
convertido en puntos de referencia obligados para el análisis social. Lo
anterior tiene sentido en la medida en que éstos reflejan de diversas maneras
los cambios trascendentales que orientan el futuro de la economía, la política,
la sociedad y las formas culturales. La globalización, en particular, ha sido
el resultado de las grandes transformaciones de fin de siglo, referidas a
por lo menos siete aspectos estrechamente vinculados: 1) una
transnacionalización de los procesos productivos que transforman
la internacionalización de capital en una relación social global; 2) una
revolución tecnológica sin precedentes y su traslado a los países
subdesarrollados, que la convierte en piedra angular de la competitividad
y productividad internacional; 3) una reorganización de los procesos de trabajo
y de las estrategias empresariales basadas en nuevos conceptos productivos
(CIDAC, 1988); 4) un desarrollo de ventajas comparativas y competitivas
dinámicas que sirven como factor crucial de éxito de las empresas, las
industrias y los gobiernos; 5) una redefinición de los estados nacionales
y reorientación de las políticas económicas; 6) un nuevo escenario de
competencia internacional por regiones geográficas y ramas productivas
(CIDAC, 1991); y 7) una nueva cultura que "desterritorializa" signos,
significados e identidades, relacionada con la migración internacional, el
desarrollo de la comunicación informática y la transnacionalización de las
empresas (Amin y Thrift, 1994). Dentro de éstos y muchos otros cambios, la
modernidad aparece como un movimiento de actualización económica, política
y cultural, así como un proceso de transnacionalización e interdependencia
asimétrica con heterogeneidad estructural y bajos salarios, al que inevitablemente
se liga el desarrollo de América Latina (Glade y Luisselli, 1989). Aunque
se trata de conceptos diferentes, la globalización es un fenómeno íntimamente
ligado a la modernidad, a través de la cual los estados-nación han
constituido una unidad, un contexto global en el cual el mundo se
convierte en un lugar con sus propios procesos y formas de integración
(Rosas, 1992).
La
importancia analítica de estos fenómenos en numerosos estudios, ha sido
reactiva a las contradicciones e implicaciones que generan ya que suponen como
tendencia, por una parte, una cierta homogeneización y estandarización de
formas de integración y principios tecnológicos y productivos con la cual
no sólo se compromete el desarrollo económico, social, político y cultural de
los países industrializados, sino también de sociedades que históricamente
han estado marcadas por el atraso, la marginación, la ausencia de
democracia y la desigualdad social; por otra parte, implican aparentemente
un regreso a los nacionalismos, hacia lo de adentro, a lo local, con lo
cual se defienden y refuerzan las identidades. Un trabajo reciente alude a
la globalización como un proceso multidimensional altamente contradictorio
y paradójico que trasciende las esferas económica, política, social y cultural,
y cuyos alcances y efectos pueden ser tanto positivos como negativos,
"al mismo tiempo homogeniza y heterogeniza, totaliza y fragmenta,
integra y margina, articula y disgrega, potencia y merma, complejiza y
simplifica, es oportunidad y amenaza, descentraliza territorialmente y
centraliza funcionalmente, entre otras peculiaridades" (Wong,
1997:6).
En el
terreno socioeconómico, algunas propuestas recogen esta paradoja en el sentido
de una acelerada desaparición de los estados-nación, y en su lugar el
surgimiento de un "Estado internacional" o una
"internacionalización del Estado", como resultado del
entrecruzamiento de formas organizativas que le confieren un nuevo
carácter al Estado y a sus prácticas políticas. De esta manera:
[...] el
sistema global pasa a estar conformado por el "Estado céntrico", con
los Estados-nación como unidades principales y sus interacciones, y los
organismos internacionales, y el sistema "multicéntrico" constituido
por actores subnacionales y transnacionales, por ejemplo, organizaciones no gubernamentales
y empresas transnacionales, dotadas de objetivo s y autonomía y medios de
acción propios (Moneta, 1993, citado por Sonntag y Arenas, 1995:15).
Contrariamente,
se señala que lo que está en juego es sólo el desgaste del Estado, lo cual no
significa de ninguna manera su desaparición de la arena mundial, al menos en el
corto y mediano plazos (Ibid.). Por otra parte, lejos de la
posibilidad de que una unidad supranacional gobierne la globalización, se
plantea una "vuelta al tribalismo" (Drucker, 1994) en el sentido
de la reivindicación de los niveles locales. Así también, a propósito de
los efectos de la microelectrónica se sostiene que entre más grande
es la economía y más integrada se encuentra, resultan más importantes y
fuertes los actores pequeños, de tal suerte que la consigna que señala
"pensar globalmente, actuar localmente" se ha invertido, por lo que
ahora se plantea "pensar localmente, actuar globalmente"
(Naisbitt, 1994, citado por Wong, 1998). Igualmente, como señala Del Val
(1994:40) a propósito del resurgimiento de los localismos:
Lo que se
percibe en los procesos actuales es la fragilidad de una identidad, colectiva y
personal, que se siente amenazada y busca un sistema de garantías que la
reconforte, que le dé seguridad, amenazada por el sistema industrial, por
los procesos de internacionalización de la política y del dinero, por
el despliegue de una cultura homogeneizadora y atomizadora que se
impone a través de los medios de comunicación de masas [...] No sólo el nacionalismo
exasperado es una respuesta agónica frente a dichos procesos; las religiones
igualmente se levantan contra ellos.
Se advierte,
por otra parte, la formación de una "cultura internacional popular"
que capitaliza determinados símbolos y referencias culturales reconocidas
internacionalmente, que tienen como punto de apoyo el mercado (Ortiz,1994).
Asimismo, está el surgimiento de entidades totalizadoras, como es el
caso de la llamada "cultura Internet", la cultura de la
"calidad total" —los llamados ISO 9000— y aún más elocuente, la
llamada nueva cultura organizacional o "cultura empresarial
internacional", que ha penetrado prácticamente en todos los segmentos
de la sociedad para convertirse en un modelo cultural universal.
Éste ha impregnado progresivamente a un buen número de empresas en
diferentes regiones y países, a partir de una lógica gerencial compuesta de
reglas de funcionamiento, escala de valores y maneras de comunicar, que va
instituyéndose como norma de gestión de las relaciones de trabajo,
[...] se
trata de una expresión cultural netamente desterritorializada: para la
expansión de las compañías en el mundo, la cultura de empresa, en tanto que
comunión de valores, de creencias, de rituales y de metas, debe cumplir la
misión de realizar la difícil alianza entre lo local y lo global. Por lo
mismo, esta cultura no se puede ligar a un territorio: es más bien una
mentalidad (Rosas, 1992:91).
Paralelamente,
se tejen identidades con el trabajo artesanal fuera de los espacios del ámbito
fabril moderno y se incorporan y defienden tradiciones laborales
heredadas. En un plano más radical, opuesto a todo lo que proviene de culturas
extranjeras consideradas como peligro y amenaza, están los
fundamentalismos religiosos, como los musulmanes, quienes defienden a toda
costa su identidad cultural. También se presenta una revalorización de las
identidades culturales y defensa del idioma en poblaciones de América
Latina con un alto componente indígena, como es el caso de Chiapas,
México. Asimismo, en Estados Unidos los inmigrantes y las minorías étnicas han
provocado movimientos de defensa de su identidad cultural al mismo tiempo
que se niegan a ser asimilados por completo a la cultura norteamericana;
esto es, una especie de defensa de la "ciudadanía cultural"
frente a las normas de la comunidad nacional dominante (Rosaldo,
1994).De igual manera, entre muchos otros ejemplos, está en
efervescencia una revalorización de las identidades locales en algunas
provincias de Canadá, España y los estados de la ex Unión Soviética.
En el ámbito
industrial, las disyuntivas de la globalización se han tejido, por una lado, en
torno a la idea de que los imperativos de la revolución tecnológica y el
mercado están determinando el camino más viable de las estrategias de las
organizaciones y las firmas , en una especie de convergencia y
homogenización hacia modelos de aplicación universal; por otro lado, se
cuestiona este hecho señalando que las tendencias de productividad
son ambiguas y el papel de los estados, las instituciones y los contextos
locales están condicionando las diversas trayectorias de las empresas (Boyer et
al., 1998). Parte de este último argumento tiene como fundamento una
idea desarrollada a principios de los años noventa, según la cual las
bases sociales son a menudo mucho más poderosas que los determinantes
tecnológicos y organizacionales externos, lo cual sugiere que los "efectos
societales" son una consecuencia profunda para la transferencia de
modelos productivos (Sorge, 1990). Un ejemplo de lo anterior, se ha desarrollado
en torno a la asimilación del modelo japonés de organización y producción
flexible, también llamado "toyotista", o lean production,
considerado por algunos alternativo al fordismo, universalmente válido y el
único posible para resolver los problemas de rentabilidad, productividad y
competitividad capitalista (Monden, 1988, y Womack, Jones y Ross,
1992).Contrariamente se señala la presencia de modelos combinados de prácticas
fordistas y tayloristas, o en interacciones de prácticas toyotistas
refuncionalizadas por las condiciones locales de producción y
relaciones industriales específicas de cada país, lo que revela las
variadas trayectorias nacionales (Drashe, 1994; Huxley, Rinehart y
Robertson, 1994; Lipietz, 1995).
Frente a
todos estos dilemas y contradicciones generados por los cambios asociados a la
globalización y la modernidad, se presenta una crisis de los paradigmas de las
ciencias sociales, los cuales se han visto imposibilitados para explicar
con certeza las nuevas realidades. Ello ha empujado a diversos analistas a
indagar otras vías para entender fenómenos que ya no pueden
explicarse con los viejos conceptos ni a través de las antiguas teorías.
Algunos trabajos han señalado que en la actual fase de
heterogenización sociocultural no existen ya identidades definitivamente
establecidas y abstractas, por lo que la función integradora del
Estado deberá ser reconsiderada, no sólo en su carácter normativo y
burocrático de la integración estatal, sino que también se deberán tomar
en cuenta los mundos simbólico-imaginarios y las representaciones colectivas
con los cuales se define el sentido de los procesos sociales. Todo esto,
partiendo del reconocimiento de la diferencia, de lo particular, lo múltiple,
lo heterogéneo y las exigencias democráticas (Parker, 1995). Otros
trabajos sugieren investigar actividad por actividad, la manera en que se está
construyendo un nuevo mapa de economía global y la ubica como una
"mezcla de actividades territorializadas y desterritorializadas",
atendiendo a la naturaleza y fundamento del cambio tecnológico, así como a
las raíces históricas y culturales del territorio (Storper, 1993:6). Otros más
plantean encontrar un equilibrio dentro de esa doble dimensión de
influencias universales y soportes regionales y locales. Esto es, vivir con lo
universal y con lo regional sin pronunciarse unilateralmente a favor de
uno de ellos, es decir, aceptar las influencias entre uno y otro
enriqueciéndose mutuamente (Bejarano, 1994). Se ha insistido, sobre todo, en la
búsqueda de nuevas conceptualizaciones que cuestionen la utilidad de
ciertas categorías con las que venían operando las ciencias sociales, como
es el caso de los paradigmas polares. Como señala Rosas (1992:92), "los
conceptos de centro/periferia, unidad/diversidad, homogeneidad/heterogeneidad,
integración-/desintegración, conformismo/resistencia, entre otros, se nos
presentan como insuficientes para reflejar la complejidad cultural en un
mundo globalizado".
Este rechazo
a las concepciones dualistas excluyentes, obviamente, no sólo tiene que ver con
la cultura, sino además con todos los ámbitos de lo económico, lo político y lo
social. En este sentido, vale la pena preguntarnos e insistir en lo que otros
ya han señalado en trabajos previos, pero que aún es visto con
incredulidad y reservas: ¿no es acaso la hibridación uno de los
caminos para aproximarse a una mejor comprensión de esa
complejidad que implica la globalización? ¿acaso no puede ser ésta una
mejor forma para redefinir el sentido con que se plantea lo universal
y lo particular? Creemos que las respuestas a estas interrogantes
son positivas, aunque con ello no se pretende minimizar la
riqueza explicativa de los conceptos de globalización y
modernización, sino de ampliar las opciones conceptuales que ayuden a
caracterizar parte de las problemáticas en las que éstos han mostrado
limitaciones. Más aún, es justo reconocer que todavía falta mucho por
explorar acerca del contenido, la naturaleza y alcance del concepto de
hibridación, por lo que cobra especial vigencia la sentencia de Aoki (1990:14),
a propósito de la reorganización productiva del mundo industrial, en el sentido
de que "un esfuerzo para conocerse mejor por parte de Occidente y
Japón podría muy bien conducir a alguna forma de híbrido, pero puede no
ser fácil encontrar un camino hacia él".
Enseguida se
presentan tres de las discusiones con las cuales ha estado más ligada la
propuesta conceptual de hibridación en la década de los noventa.
La
hibridación cultural como principio de resimbolización
La
hibridación cultural ha sido un campo explorado fundamentalmente por la
literatura y la antropología. No obstante, el fenómeno de la hibridación en
general corresponde a un antiguo debate interdisciplinario iniciado hace poco
más de un siglo. En las ciencias naturales, las primeras discusiones del
concepto están asociadas a la idea de que todo producto de mezcla era
sospechoso y dañino para el desarrollo biológico. Es, sin embargo, con
la teoría de los cruces de Mendel en 1879, y su reexamen posterior en
el presente siglo, que comienza a entenderse positivamente la méiange como
enriquecimiento de los desarrollos genéticos y otros, incluyendo lo social
y lo cultural (Nederveen, 1994, citado por Sonntag y Arenas, 1995). En las
ciencias sociales, por su parte, el concepto de hibridación ha sido
utilizado de manera permanente en la discusión sobre identidad racial,
política, religiosa o cultural. De Grandis (1995) señala que desde 1928 Robert
Park, sociólogo de la Universidad de Chicago, hablaba del
"híbrido cultural" para referirse al fenómeno de migración
humana y al estatuto del individuo marginal. Así, se concebía al "
híbridocultural" como el tipo de personalidad característico del
"hombre marginal", es decir, del inmigrante que debía encontrar
su lugar en una nueva sociedad y debía vivir y compartir íntimamente
tradiciones de diferentes sociedades enfrentando un conflicto
de "orden mental", entre un yo escindido, el antiguo
(representado por las tradiciones de su lugar de procedencia), y el nuevo
yo, que comportaba la incorporación de nuevas pautas culturales.
Aunque
después de la posguerra el tema de la hibridación fue escasamente tocado por
las ciencias sociales, durante las dos últimas décadas ha sido retomado por
algunos estudiosos de la literatura y la cultura. Ahora con una legítima
preocupación por cuestionar una supuesta e inmanente homogenización
cultural a nivel mundial y discernir acerca del contenido y dirección de
los flujos culturales. Así, al mismo tiempo que se preocupan por el
estudio de los ámbitos locales y regionales, ubican la discusión en la
problemática cultural a nivel global. Destacan, por ejemplo, el trabajo de
Rowe y Schelling (1991), quienes amplían la visión de la literatura
incorporando la definición de culturas híbridas a un espectro mucho más
amplio de productos culturales, en la que se incluyen desde la literatura,
las religiones populares, la música popular, el teatro popular, hasta el futbol
y la novela. Chanady (1994), por su parte, hace referencia al híbrido como
la tercera característica constitutiva de la identidad en América Latina, y
menciona los aportes de Cornejo-Polar, Jean Franco, Monsiváis,
Subercaseaux y Rama entre las contribuciones más importantes a la
articulación de este concepto (De Grandis, 1995). Félix Berumen (1994)
analiza la frontera norte como un caso excepcional de
hibridación cultural,conformado a partir de la transnacionalización
estadounidense y de la resistencia de la sociedad a ceder valores
identitarios nacionales y regionales. Destaca lo novedoso, particular y
diferente que existe en ella comparada con otros casos nacionales y propone
ahondar en la conceptualización de lo que significa la noción de
"culturas regionales", en un país signado por la globalización y
remodelación cotidiana de la identidad nacional. De Grandis (1995), finalmente,
expone algunos de los elementos de la discusión sobre hibridación cultural, a
partir de las propuestas conceptuales sobre "mediación lingüística"
de Batjin y sobre "mediación simbólica" de García Canclini. Con
ello propone redimensionar el análisis sobre hibridación y exponer los
juegos metodológicos que permitan encontrar reglas mucho más claras para
la utilización de dicho concepto, tal como está siendo aplicado en América
Latina.
Lo común en
los estudios anteriores es que han utilizado, por lo general, las aportaciones
de García Canclini (1989) para referirse a la forma en que lo tradicional
interactúa con lo moderno. De hecho, este autor es considerado entre los que
mayormente han contribuido al análisis de los fenómenos de hibridación
cultural. Al parecer, su propuesta de hibridación establece un principio de
"negociación simbólica" a partir del cual se re-elaboran nuevos
pactos de comprensión colectiva que a su vez forman parte de los procesos de
transformación social. Su punto de partida es el reconocimiento de las
diferencias y las discrepancias que se tejen en torno a la modernidad en
la economía, la política y la cultura, trazados por un pasado histórico de
incertidumbre, heterogeneidad y contradicciones que van construyendo lo que es
propio de la realidad contemporánea en América Latina.
Los países
latinoamericanos son actualmente resultado de la sedimentación, yuxtaposición y
entrecruzamiento de tradiciones indígenas (sobre todo en las áreas
mesoamericanas y andinas), del hispanismo colonial católico y de las
acciones políticas, educativas y comunicacionales modernas. Pese a
los intentos de dar a la cultura de élite un perfil moderno, recluyendo lo
indígena y lo colonial en sectores populares, un mestizaje interclasista ha
generado formaciones híbridas en todos los estratos sociales (García
Canclini, 1989:71).
Dos premisas
subyacen a este resultado: primero, que "la incertidumbre acerca
del sentido y el valor de la modernidad deriva no sólo de lo que separa a
naciones, etnias y clases, sino de los cruces socioculturales en que lo
tradicional y lo moderno se mezclan"; y segundo, que la modernización
latinoamericana debería ser concebida no como una fuerza ajena y dominante
que operaría por sustitución de lo tradicional y lo propio, sino como
parte de "los intentos de renovación con que diversos sectores se
hacen cargo de la heterogeneidad multitemporal de cada nación"
(García Canclini, 1989:14-15). En este sentido, el híbrido de García
Canclini, tal como lo sugiere De Grandis (1995), es una condición
básica de yuxtaposición y comparación interpretativo-semiótica de
diferentes tradiciones, pero también un principio de realización simbólica de
las transformaciones históricas y los procesos sociales. Es además, un proceso
de resimbolización de rituales y de capital cultural heredado y acumulado por
la memoria histórica que frente a nuevas condiciones materiales de
existencia se transforma, generando nuevas y variadas combinatorias simbólicas,
como forma de resolver conflictos de orden social, económico y cultural
en general. En otras palabras, el híbrido cultural es el resultado
del conflicto entre fuerzas sociales mediadas a través de procesos
de resimbolización.
Lo anterior
remite no sólo al estudio de las estrategias de las instituciones y los
sectores hegemónicos, sino también a la reconversión económica y simbólica con
que los migrantes campesinos adaptan sus saberes para vivir en la ciudad,
así como a sus intentos por interesar a los consumidores urbanos en sus artesanías.
Asimismo, la hibridación se remite a los ejemplos de cómo los obreros
deben reconsiderar y reformular su cultura laboral ante los nuevos
procesos tecnológicos sin abandonar sus creencias y tradiciones heredadas.
Igualmente, García Canclini destaca los casos de la música y el folclor donde
se fusionan distintos géneros y tradiciones. Resalta, sobre todo, un
interés particular de estudiar el consumo cultural, las políticas
culturales, así como las prácticas artísticas y literarias, para, a partir
de ello, comprender cómo se reformulan los vínculos de producción y
circulación cultural. En ese sentido, se interesa por los textos
literarios de escritores reconocidos como García Márquez, Octavio Paz y Jorge
Luis Borges, entre otros, para plantear elementos de interpretación de
historias híbridas. La hibridación se postula así no como noción
omnicompresiva, holista, de los fenómenos que acontecen, sino como herramienta
que permite acercarse de manera más consistente a los procesos de interconexión,
a las imágenes caleidoscópicas que nutren esos fenómenos.
Esto deriva
de su estrategia de análisis que consiste en interpretar la práctica de los
sujetos: "Hasta aquí indagamos el sentido de la modernidad desde los
lugares de quienes la emiten, la comunican y la reelaboran. Hay que mirar cómo
se desenvuelve desde el lado de los receptores" (García Canclini,
1989:133). A propósito de lo anterior, De Grandis (1995) señala que el
método de investigación del autor opera en el terreno de una teoría de la
práctica, y que la hibridación aparece como un concepto que establece
un cierto balance entre evaluación y descripción empírica, el
cual tiene que ver con la acción de fuerzas centrípetas y
centrífugas resultantes de la catastrófica acción modernizadora, sin
llegar a ser apocalíptica.
Otro punto
de análisis se refiere a la naturaleza del concepto. El fenómeno de la
hibridación cultural no aparece como algo indeterminado en el sentido
biológico, es decir, como algo que está constantemente cambiando, sino como
algo con identidad propia. Su naturaleza está en "importar, traducir
y construir lo propio"; no se trata de un transplante sino de
"reelaboraciones deseosas de contribuir al cambio social", de tal
manera que funcione como "escena de reelaboración y estructura reordenadora
de los modelos externos [...] En varios casos, el modernismo
cultural en vez de ser desnacionalizador, ha dado el impulso y el
repertorio de símbolos para la construcción de la identidad nacional"
(García Canclini, 1989:78). En una publicación de reciente aparición, nos dice
De Grandis, García Canclini se asegura bien de aclarar que su idea del
híbrido no se corresponde con "una materia —en el sentido biológico del
término— sin identidad, aquélla que se instala en los intersticios, perfilando
una zona de sombras, que escapa al menos en apariencia a la
repetición". El híbrido así sólo permite un análisis oblicuo, una
zona de efectos.
Puede ser
comprendido, pero sólo a través de sus modalidades de endurecimiento. Para
García Canclini, su híbrido no está nunca indeterminado, no se presenta a sí
mismo, aun en las sociedades contemporáneas, por grados de
indeterminación, aun cuando las mezclas culturales se hayan
intensificado [...] El híbrido no es nunca algo indeterminado porque hay
diferentes formas históricas del híbrido (De Grandis, 1995:2).
Finalmente,
la concepción de hibridación desarrollada por García Canclini implica la
superación de concepciones dualistas que han perfilado las
interpretaciones sobre la modernidad latinoamericana. Por eso señala que:
[...] el
problema no reside en que nuestros países hayan cumplido mal y tarde un modelo
de modernización que en Europa se habría realizado impecable, ni consiste
tampoco en buscar reactivamente cómo inventar algún paradigma alternativo
e independiente, con tradiciones que ya han sido transformadas por la expansión
mundial del capitalismo. Sobre todo en el periodo más reciente, cuando la
transnacionalización de la economía y la cultura nos vuelve
"contemporáneos de todos los hombres" (Paz), y sin embargo no
elimina las tradiciones nacionales, optar en forma excluyente entre
dependencia o nacionalismo, entre modernización o tradicionalidad local,
es una simplificación insostenible (García Canclini, 1989:80).
Como puede
observarse, gran parte de los argumentos del autor constituyen en esencia una
crítica a las teorías sobre el imperialismo y la dependencia, y aunque
reconoce que dichas explicaciones tienen relativa vigencia en algunos de
sus postulados, insiste en verlas como modelos limitados que
impiden comprender las asimetrías y reconocer los enfrentamientos
como combates entre naciones geográficamente distintas, con lo que se oscurecen
las actuales relaciones de poder.
La
hibridación socioterritorial como principio de centralización-descentralización
En los
análisis sobre economía y sociología, autores como Neder-veen (1994) y Sonntag
y Arenas (1995) han introducido recientemente la discusión sobre lo híbrido
como un concepto inevitablemente ligado al análisis de lo local y lo global. El
concepto de hibridación que utilizan se basa en la propuesta de García
Canclini, que da cuenta de las mezclas, de la heterogeneidad asociada a la
modernidad, y de su utilidad práctica como herramienta para acceder a los
procesos de interconexión, a las imágenes. También retoman la propuesta de
Rowe y Shelling para referirla a los "caminos por los que las formas y
prácticas separadas se recombinan formando nuevas formas y nuevas
prácticas" (Sonntag y Arenas, 1995:14). Asimismo, recogen la noción
de "tiempos mixtos" que utiliza Fernando Calderón para América
Latina, a propósito del Tratado de Libre Comercio de México con Estados Unidos
y Canadá y de los sucesos de Chiapas, para referirse a la
"intersección de distintos tiempos en una realidad, lo cual ilustra
igualmente la hibridación" (Sonntag y Arenas, 1995:15).
Lo anterior
permite a dichos autores afirmar que las hibridaciones que resultan hoy día son
muy intensas gracias al proceso globalizador. De hecho, se establece que la
lógica de la aceleración de las hibridaciones pasa a depender de una
centralización del "Estado internacional" y una descentralización de
los estados-nación. Se advierte, sin embargo, que ello no implica la
desaparición de éstos, por lo menos en el plano inmediato y mediato. El
argumento es que aunque la tendencia hacia la apertura comercial es
irreversible, en aspectos específicos del comercio los países
desarrollados defienden sus fronteras económicas a través del
proteccionismo para mantener su posición privilegiada en la acumulación
mundial, mientras que los países subdesarrollados tratan de
impulsar procesos que les sean favorables para no ser excluidos de la
acumulación de capital. Junto con ello se crean procesos contradictorios y
conflictivos que revelan el carácter asimétrico del sistema mundial, así como
las hibridaciones.
Otros
autores han reconocido también en la globalización manifestaciones locales y
regionales que operan como vehículos para entender las formas híbridas. Por
ejemplo, se ha sostenido que los parámetros productivos sobre los que se
presenta la globalización impulsan al mismo tiempo la descentralización,
generando una especie de "economía difusa" en la que se integran
formas económicas locales y globales. En el plano territorial, esto es
lo que algunos autores han llamado "glocalización"
(Swyngedouw, 1997), una especie de hibridación que da cuenta de procesos
socio-espaciales intermedios que conforman una nueva "dialéctica territorial"
(Wong, 1997). En el mismo sentido, se ha planteado la constitución de
" regiones del tercer tipo", producto de la integración
transfronteriza, que aparecen cuando "las fuerzas del mercado trascienden los
obstáculos convencionalmente establecidos por los hombres y generan una
dinámica migratoria y económica, induciendo en ambos lados de la frontera
evoluciones, solidaridades y convergencias tales, que se crea un espacio de
transición entre ambos o, mejor dicho, sobre ambos, una ‘región del
tercer tipo’, con todo el interés que reviste esta hibridación, esta
‘fertilización cruzada’, creadora no sólo de cambio y de riqueza, sino
de una nueva cultura o de un nuevo espacio de identidad
cultural, desde el barrio hasta la región" (Vanneph, 1997, citado por
Wong, 1997:8).
En el plano
territorial, otra de las mediaciones igualmente importante a propósito de la
tendencia a la desaparición de los Estados-nación (Ohmae, 1995; Harris,
1996; Boisier, 1993) se presenta con la emergencia de los llamados
"estados-región" (ohmae, 1995), definidos como "zonas económicas
naturales" donde se redefine el papel de las corporaciones
multinacionales, los mercados y el Estado-nación más allá de los límites
fronterizos nacionales. Asimismo, a raíz de la constitución de la
Comunidad Económica Europea, han tenido lugar las llamadas
"súper-regiones" (Delamaide, 1995), que conforman territorios allende
las fronteras nacionales y reflejan patrones históricos de migración
y comercio, además de herencia étnica y lingüística, así como costumbres
sociales. En México, por otra parte, han surgido una especie de
"regionalismos emergentes" (Wong, 1997), vinculados no sólo con
los procesos de integración y globalización de la economía, sino también con
los rezagos socioeconómicos históricos, la marginación provocada por la
dimensión regional y la incongruencia de las políticas económicas, entre otras.
En esa misma
lógica de globalización y paulatina desaparición de los estados nacionales, se
ha planteado el surgimiento de "regiones virtuales" (Boisier,
1993:13), donde la continuidad geográfica no es condición necesaria para la
conformación regional. Éstas se entienden como "resultado de una relación
contractual (formal o no) entre dos o más regiones pivotales o bien, asociativas,
para alcanzar ciertos objetivos de corto y mediano plazo". Esta
caracterización, según Wong (1998) está basada en una concepción
posmoderna del territorio que rompe con una serie de rigideces
características de las conceptualizaciones tradicionales y abre un abanico más
amplio para el análisis regional contemporáneo.
En realidad
todas las caracterizaciones anteriores forman parte de los nuevos conceptos a
los que han apelado las ciencias sociales para explicar algunos de los procesos
de mediación entre lo global y lo local, característicos de estos tiempos
de incertidumbre, imprecisión y ambigüedad generados por los cambios en
la economía mundial. Lo común es que todos ellos aluden a situaciones
complejas de interacción, heterogeneidad y reacción característicos de los
fenómenos de hibridación. Por eso es posible tejer similitudes que, en
todo caso, indican un alejamiento de posiciones unilaterales y excluyentes
acerca de las tendencias en juego. La concepción de hibridación como
mezcla, como heterogeneidad, según Sonntag y Arenas (1995) exige y supone
la superación de concepciones dualistas que han intentado explicar la
sociedad latinoamericana bajo la dicotomía de universalismo-particularismo, a
través de teorías como las del imperialismo-dependencia, desarrollo-subdesarrollo,
y centro-periferia, entre otras que han entendido a las sociedades
latinoamericanas, a sus culturas y formas políticas, simplemente como satélites
de los centros desarrollados. De este modo, desde la perspectiva de la
dominación, característica de dichas concepciones, la identidad de estas
culturas y su capacidad para encontrarse con otras se ve oscurecida, y sus
manifestaciones híbridas son concebidas como producto
del "sometimiento".
La
hibridación industrial como condición de transición de nuevos principios de
racionalidad económica
En el plano
industrial, el concepto de hibridación ha sido planteado como una disyuntiva
entre universalismo y particularismo, más específicamente entre transferencia y
aplicación de modelos universales y sus condicionamientos locales de
implantación culturales y sociales. Sus primeras aplicaciones se remiten a los
años setenta, en el terreno de la teoría organizacional, para dar
cuenta de la relación entre estructura organizacional y contexto situativo.
No obstante, a finales de la década de los ochenta, y de nuevo a mediados
de los años noventa, llamó la atención de economistas y sociólogos industriales
interesados en explicar las transformaciones del sector automotriz y el
eventual surgimiento de un nuevo modelo industrial. Esto, con la idea de
replantear y reformular una discusión que había sido encajonada bajo la lógica
del funcionamiento de los modelos puros, cuyo interés se centró
en saber si las prácticas japonesas expresaban una forma avanzada
o limitada de fordismo, si se trataba de un nuevo taylorismo, de
una especialización flexible, o bien, de un nuevo paradigma de
organización industrial basado en el toyotismo.
Entre los
estudios que han hecho referencia a la hibridación como una característica esencial
de los modelos industriales en el sector automotriz se encuentran los de Abo
(1994), Kawamura (1994), Boyer et al. (1994 y 1998), Micheli (1996) y
Sandoval (1998). Detrás de éstos y muchos otros trabajos sobre
hibridación existen dos grandes propuestas que tratan de poner orden en
la comprensión del presente y futuro de los modelos industriales. Una es
la del Japanese Multinational Enterprise Study Group (JMNESG) ,
según el cual la hibridación puede ser vista como condición de la
transición industrial en términos de aplicación-adaptación entre nuevos y
viejos principios y dispositivos industriales; y la otra, la del Groupe
d’Etude et de Recherche Permanent sur l’Industrie et les Salaries de
l’Automobile (GERPISA), donde la hibridación se entiende como proceso
dinámico de innovación, aprendizaje y búsqueda de equivalentes funcionales.
En la
primera, la condición híbrida de los modelos resulta del dilema entre
aplicación-adaptación que enfrentan las empresas automotrices, al tratar
de imponer a las regiones los elementos del sistema productivo y gerencial
propios de la empresa japonesa, los que a su vez se ven limitados por
restricciones que emergen de un medio ambiente productivo, gerencial y
sociocultural distinto al de Japón . En estas condiciones, el sistema
japonés puede cambiar su forma y en algunos casos adaptarse a esas
economías locales. El resultado conduce a una revisión del sistema japonés
o, en algunos de sus aspectos, a la adopción del sistema estilo americano.
El método de análisis de los promotores de esta primera noción (Abo, 1994)
consiste en medir la transplantación de cada uno de los elementos que
caracterizan al modelo japonés mediante una escala numérica asignada del
uno al cinco.
Desde el
punto de vista de los autores japoneses, el enfoque de la hibridación tiene la
virtud de proveer no sólo de una evaluación cualitativa y cuantitativa de
la forma y el grado en el cual se aplican o adaptan los elementos fundamentales
de los sistemas de dirección y producción a la actividad local, sino
además, de una visión de las características de un sistema de producción
local en particular. Por ejemplo, la intensidad con que los elementos
del sistema de producción y de dirección japonés se manifiestan en
la producción local varía de acuerdo con la dificultad de su aplicación.
Por el contrario, aspectos del sistema fordista estadounidense o de otras
condiciones locales se mezclan con el sistema japonés como reflejo del
grado de adaptación. Esto resulta en una condición híbrida que revela las
características distintas de una operación local en particular.
En la
segunda noción que ofrece gerpisa, la hibridación se expresa de cuatro maneras
diferentes: 1) como proceso dinámico de innovación, aprendizaje y de respuestas
a los desequilibrios de los sistemas productivos; 2) como proceso de
investigación de equivalencias funcionales y creativas, y no simplemente de
rupturas; 3) como proceso transicional que describe los resultados de
una imitación infructuosa; y 4) como proceso de intercambio de componentes
y partes de sistemas productivos que se originan en espacios geográficos
distintos. En este caso, no sólo se trata de transplantar principios y
dispositivos diferentes, sino a menudo de buscar la innovación, el
aprendizaje y las equivalencias de éstos en contextos sociales distintos, con
la finalidad de lograr la coherencia entre modelo y práctica, y su viabilidad
superior.
La
hibridación se presenta cuando las empresas han desarrollado una exitosa
estrategia de rentabilidad en un espacio nacional y después intentan total o
parcialmente su reproducción en otro espacio. No obstante, se señala que
un sistema que funciona con efectividad en un espacio, no necesariamente
funciona bien en otro, por lo que los procesos de transferencia y
adaptación de un modelo productivo desde un contexto a otro podría a
menudo guiar la hibridación de la lógica y los elementos de la
organización productiva. Esto podría resultar en una interacción con
diferencias nacionales, legales, institucionales, infraestructurales, o en una
variedad de otros casos. Se aclara, sin embargo, que lo anterior, a pesar de
ser inevitable, no debiera verse como un retroceso con el que se compromete el
desarrollo de un modelo productivo, sino como una importante dinámica de
innovación y aprendizaje.
Los promotores
de esta segunda noción (Boyer-Freyssenet, 1994, y Boyer et al., 1998)
parten del análisis y seguimiento de las estrategias y trayectorias de las
firmas automotrices mediante la búsqueda de complementariedades a través
de cinco componentes: organización-administración de la empresa, relación
salarial, relaciones entre empresas, relación con el mercado y el acceso
al financiamiento. Para no caer en el análisis de la monomanía de
un solo factor, conjugan el análisis de la tecnología, mercado, organizaciones
y otros componentes que garantizarían, según ellos, la viabilidad
necesaria del modelo en el largo plazo. En este sentido, el modelo de
hibridación que proponen se conforma a partir de un procedimiento genético
y cualitativo que concede menos importancia a las características formales
del modelo que a la dinámica de transformación y de investigación de coherencia
productiva.
Este
enfoque, al parecer, aporta una solución a los problemas vinculados con el
sentido de la práctica y de la dinámica de los modelos. Trata de resolver
algunas de las incoherencias entre los estudios de campo y/o los análisis
teóricos combinando diversos criterios: formal-sustantivo,
discurso-práctica, micro-meso-macro. Asimismo, con este método, los autores
ponen en cuestionamiento las nociones que prescriben un determinismo universal
de modelos productivos, tal como se observa en la discusión de
los transplantes japoneses y la lean production en la industria del
automóvil al iniciarse los años noventa. Además, abren la investigación a
la compleja interacción entre modelos productivos, oportunidades estratégicas y
contexto institucional y nacional. En resumen, los modelos híbridos se
plantean como la solución práctica que experimentan las gerencias al
trasplantar los nuevos principios de racionalidad propuestos por los
fabricantes japoneses, y se consideran también la solución conceptual para
analizar y entender la actual lógica de desarrollo de los cambios en la
empresa automotriz.
Hacia una
reformulación del concepto: la hibridación social como campo de
tensión, relaciones de conflicto y fuerza social de cambio
Como ha
quedado evidenciado, las nociones anteriores sobre hibridación manifiestan
desde diversos campos disciplinarios un interés persistente por encontrar
alternativas explicativas a las paradojas de la globalización y de la
modernización, frente a posiciones panorámicas o reduccionistas que han
resultado ser limitadas para el análisis social. Todas aportan pruebas que
resaltan la importancia del concepto y agregan elementos de análisis
que amplían la riqueza explicativa del mismo. No obstante, ese mismo
interés disciplinario que ha remarcado su importancia, también ha disgregado su
alcance, separando los elementos de un conjunto conceptual de tal manera
que ha imposibilitado una definición más integrada y a la vez abierta,
aplicable a un mayor número de casos diferentes entre sí dentro de las ciencias
sociales. Así, la hibridación parece aludir tanto a un principio de
"renegociación y realización simbólica" como a una condición
histórica que expresa los "tiempos mixtos" característicos de la
formación social contemporánea; como una condición natural de
"adaptación" propia de todas las prácticas sociales, así como una
condición de "imitación, innovación, aprendizaje y búsqueda de
equivalencias funcionales".
Faltaría
agregar otra definición que ha estado en la base de algunos de estos conceptos.
Es la que han ofrecido las ciencias naturales, con respecto a la
producción de una nueva casta o variedad (animal o vegetal) producto del
cruzamiento de especies diferentes o cruzamiento de elementos de distinta
naturaleza, en busca del mejoramiento de ciertas características, ya sea
de rendimiento, tamaño o resistencia (Reader’s Digest, 1972). Lo
importante de ésta es que revela no sólo la acción de establecer mezclas,
sino también la acción de buscar objetivos superiores, aspecto que ha sido
subestimado en las ciencias sociales.
Todas estas
diferencias tomadas por separado han marcado quizá una cierta incredulidad y
escepticismo de parte de algunos estudiosos para echar mano del concepto
de hibridación como una herramienta posible y viable para el análisis
social. Tal vez por ello también es que ha mostrado cierta fragilidad. La
definición de García Canclini, por ejemplo, aunque tiene la virtud de
abarcar todas las hibridaciones posibles que están presentes en los hechos
simbólicos, y por tanto en la cultura, sólo considera el principio de
negociación y resimbolización, pero no la condición de rendimientos, de
intencionalidad consciente de buscar objetivos superiores, de tejer
equivalencias, de innovación. Asimismo, la adaptación es presentada como
una condición dife rente de la hibridación. Por otra parte, hacer
referencia a los tiempos mixtos, como Sonntag y Arenas, si bien revela la
complejidad asociada a la actual etapa histórica del capitalismo, ahonda
muy poco en la naturaleza misma del concepto, y sólo permite entender su
condición semántica relativa a la acción de establecer mezclas.
De manera
similar, la versión nipona únicamente pone de manifiesto la condición de
establecer cruzamientos que como máximo pueden asumir la forma de adaptación.
Aquí, los cruzamientos se establecen por la acción de transplantar principios y
dispositivos industriales a un contexto de naturaleza social diferente, de
manera que la acción de buscar objetivos superiores mediante la innovación, por
ejemplo, queda supeditada a la capacidad de las empresas de resolver el dilema
entre aplicación-adaptación. Esto impide observar el contenido y la
naturaleza misma de lo que ha sido sujeto de hibridación, lo cual remite,
en consecuencia a una evaluación simplista del fenómeno en términos de la
intensidad mayor o menor, de cómo han sido aplicados o adaptados los
principios japoneses. En este caso, consideramos menos importante saber la
intensidad con la que se ha presentado la hibridación que lo que ésta revela en
sí misma.
En la
versión francesa, la hibridación apunta, efectivamente al sentido de las formas
que ésta asume, de tal manera que se trata no sólo de cruzamientos de
dispositivos y prácticas de naturaleza distinta, sino que éstos llevan
implícitos la imitación, la innovación, el aprendizaje y la búsqueda de
equivalencias funcionales. No obstante, al igual que en el caso anterior, no se
toma en cuenta que dichos cruzamientos tienen un trasfondo de
renegociación simbólica merced a las tendencias de una cultura corporativa
totalizadora con la cual se pretende establecer una comunión de valores,
creencias, rituales y metas en espacios fabriles de diferentes regiones.
En esta noción, tanto como en la anterior, los hechos simbólicos
simplemente no pueden ser aprendidos sólo según una lógica de innovación,
adaptación o de aprendizaje, porque se oscurecen las relaciones de poder
que establecen los diferentes actores en la fábrica al interactuar con los
modelos en ejecución.
A pesar de
estas diferencias, las interpretaciones anteriores no expresan acepciones
contrapuestas sobre el sentido y finalidad de los hechos que atañen a
dicho concepto. Por el contrario, tienen en común un principio ordenador
al que todos aluden, en tanto que todos hablan de mezclas, cruzamientos o
combinaciones diversas en contextos heterogéneos de cambios de toda
índole. Esto representa, sin duda, un avance que permite tejer
posiciones complementarias desde diferentes campos disciplinarios, y
con ello sugerir una propuesta conceptual que permita integrar un concepto
más amplio aplicable a un mayor número de casos. Así las cosas, la
hibridación puede ser reformulada a partir de las diferencias constatadas y los
aspectos comunes existentes.
El concepto
de hibridación que aquí se propone puede considerarse, en primer lugar, como principio
asociativo de novedad, implícito en la acción de establecer mezclas,
cruzamientos y combinaciones entre elementos de origen y naturaleza
distinta. En segundo lugar, como principio de resimbolización,
resultado del conflicto de fuerzas sociales mediadas por la acción simbólica en
las que se establecen relaciones de poder y negociación de valores,
creencias, rituales, conocimientos, tradiciones y un capital cultural
heredado. En tercer lugar, como condición de transición histórica
entre la aplicación-adaptación de principios, prácticas sociales y modelos que
emergen de los condicionamientos mutuos que se presentan entre un contexto
global y las restricciones de un contexto local y sociocultural distinto. Y en
cuarto lugar como principio de mejoramiento y rendimiento buscado a
través de la imitación, la innovación, la experimentación, el aprendizaje y/o
la búsqueda de equivalencias de modelos y prácticas sociales, referidas a
contextos institucionales y socioculturales de naturaleza distinta.
Dicho en
forma resumida, la hibridación social es una interacción de prácticas,
modelos, procesos o fuerzas sociales de naturaleza y trayectoria distinta.
Contiene principios de novedad, transición, adaptación, resimbolización,
mejoramiento y rendimiento, expresados mediante instrumentos, mecanismos,
lenguajes y demás recursos de creación, innovación, experimentación y
aprendizaje que traducen lo propio del fenómeno estudiado. Se
presenta cuando individuos, grupos, empresas, gobierno y demás agentes del
cambio, a través de formas de importación, imitación o transportación, ponen en
contacto dichas fuerzas sociales. Refleja una condición de mediación entre
lo que se considera que representa lo global y lo local, lo general y
específico, y lo universal o lo particular. Se expresa también como una
relación de tensión o de conflicto entre prácticas sociales hegemónicas y
subordinadas. En este sentido, la hibridación social puede considerarse
una fuerza social de cambio, o bien, un resultado de ese cambio, fruto
de la interacción entre diversos aspectos.
La
definición que aquí se propone tiene la ventaja de agrupar un mayor número de
elementos de significación que suponemos son propios del concepto, con lo
cual se resta ambigüedad al tratamiento del mismo. Por ejemplo, al hacer
referencia a los principios y a las formas se tiende a esclarecer las nuevas
propiedades de lo que ha sido sujeto de hibridación, por lo que su
naturaleza no puede aparecer en ningún momento indeterminado y amorfo, sino
perfectamente determinado e identificable. Más aún, no se trata
simplemente del resultado de A + B, sino de hechos o fenómenos acabados e
independientes que podrían, a su vez, hibridar o prestar sus componentes para
influenciar o conformar nuevos hechos, prácticas o fenómenos sociales. En
este sentido, la hibridación no debe entenderse como una cuestión
permanente o eterna, ya que a menudo expresa sólo una condición
de transición que identifica a una fase de desarrollo. Una vez que
el fenómeno ha adquirido una personalidad propia, los condicionamientos
por los cuales adquirió ese carácter híbrido dejan de operar como factores
determinantes del cambio social, dejan de representar obstáculos para la
adaptación, por lo que en adelante su trayectoria debe explicarse a partir
de otros parámetros. Esto permite trazar una visión dinámica del sentido y
dirección que siguen los procesos de cambio social a partir del
reconocimiento de que las trayectorias que resultan son aspectos
cualitativamente nuevos y distintos.
Cabe destacar,
sin embargo, que los resultados de los procesos de hibridación no siempre son
positivos, ya que si bien pueden producirse hibridaciones eficaces,
también pueden generarse hibridaciones funestas o negativas, pues los
cruzamientos y mezclas no son resultado de decisiones conscientes y
elecciones claras de los actores, sino que están condicionadas por
relaciones de fuerza y de poder, por el conflicto, por la lucha y por la
negociación de intereses entre ellos. En ese sentido, es posible encontrar
hibridaciones de tipo shock, contención, regresión o impulso de
los procesos de cambio, con mayor o menor intensidad, tal como lo muestran
algunos estudios de caso (Sandoval, 2002). Esta clasificación, por su supuesto,
puede ser más amplia y variada dependiendo de la lógica particular de los
problemas y de los niveles micro o macro de las regiones.
Conclusiones
Conviene
aclarar que el enfoque de hibridación social aquí propuesto, como modelo
conceptual, no es la panacea explicativa de los problemas de la integración.
Por el contrario, debe entenderse como un recurso auxiliar complementario y no
sustituto de las teorías de la región, del territorio, del conflicto y del
cambio social en general. Aunque se trata de una propuesta en
cierne, creemos que tiene la virtud de aportar nuevos elementos
para explicar la dinámica cambiante, desigual y combinada del desarrollo
de las regiones como producto social dimensionado espacial y temporalmente. Su
amplitud conceptual, lejos de ser una limitante, proporciona un nivel de
abstracción más completo para inferir sobre un mayor número de relaciones de la
totalidad regional que reflejan procesos de inclusión-exclusión,
integración-desintegración, homogeneidad-heterogeneidad, unidad-diversidad,
etcétera.
Así pues,
con la hibridación social como modelo conceptual, podemos explicar la región y
el territorio como oposición y vinculación entre lo global y lo local, sin las
paradojas recurrentes que implican caer entre uno y otro extremo.
Enfrentar esta oposición significa romper esa estrechez bipolar del horizonte
social explicativo a la vez que permite poner en práctica de modo
más complejo una de las posibles vías de entendimiento acerca de
la diversidad de situaciones y vinculaciones que ocurren entre
lo concreto y lo abstracto, entre lo que consideramos lo propio y lo
ajeno; esto es, reconsiderar y reelaborar esa complejidad social que, a fin de
cuentas, nos revela que estamos inmersos en una realidad polivalente y
contradictoria.
En este
sentido, podría replantearse una agenda de nuevos problemas a partir del
concepto de hibridación social, a saber: 1) los límites de la acción estatal y
las políticas públicas en un contexto de creciente integración regional al
mundo globalizado; 2) los límites de las ideologías regionalistas en el marco
del debilitamiento de los estados-nación; 3) las contradicciones manifiestas
entre el proceso de homogenización política del territorio nacional y
la existencia de crecientes desigualdades que se expresan espacialmente en
dicho territorio; 4) las especificidades regionales tecnológicas, productivas,
de trabajo y cultura empresarial que resultan del desarrollo sectorial
agrícola, industrial y de servicios, y de su integración
local-internacional y su diferenciación nacional; y 5) el problema de la
identidad o de las identidades colectivas, identidades religiosas, identidades
étnicas, o identidades locales, regionales y nacionales, entre muchos otros
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